A propósito de Yupanqui,

su aniversario número 117 y algunas analogías en tiempo y espacio

De todo lo soñadora que soy, jamás me hubiera imaginado que yo montaría un estudio de grabación en la cocina de Yupanqui y Nenette y menos que menos que escribiría un disco ahí. Tal vez me podría haber imaginado como en esta primera foto acostada sobre las montañas escribiendo, ahí mismo en el silencio, el lugar donde Yupanqui escribió tantas canciones.

Tampoco recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché a Yupanqui. Seguramente fue de muy pequeña, porque en mi casa se solía escuchar folclore y a otros autores como Serrat o Ismael Serrano.

Cuando emprendí mi viaje por Latinoamérica a mis 20 años, mi mamá me dijo que la canción Luna tucumana le hacía acordar a mi modo de andar: “Yo voy andando y cantando, que es mi modo de alumbrar”. Me lo repetía muchas veces. 

Es curioso, porque después de haber pasado tres semanas en la Casa de Yupanqui investigando sobre Nenette, descubrí, revisando textos antiguos, que la presencia de Yupanqui había estado en mi vida más de lo que imaginaba.
Hace poquito volví a Uruguay y, al entrar en la casa de mis padres, encontré en lo que era mi cuarto un montón de escritos de mi adolescencia. Entre ellos, me topé con la imagen que ven aquí: un fragmento de un texto que seguramente copié de algún libro que leí. Nótese ‘’Yupanki’’, dando cuentas de mi juventud, ¿Qué tendría 16,17 años? Una carta a “Kollita” -hijo de Yupanqui y Nenette- con el que luego compartí durante esas tres semanas mientras escribía un álbum para su madre.

Hace unos días, mientras releía algún capítulo del libro sobre mi abuelo Sócrates, encontré un pequeño fragmento que había olvidado por completo. En ese capítulo, recuerdo distintas conversaciones que he tenido a lo largo de mi vida con mi papá sobre la dictadura.

“…Estaba en el living de casa de mis padres mientras preparaba mi próxima clase de un taller de guitarra. Recuerdo que estaba tocando Me haces bien, de Jorge Drexler. En esos días tenía un concierto en Carmelo, y entonces mi padre recordó que, la única vez que fue a Carmelo, tenía alrededor de 14 años y estaba cruzando a Buenos Aires a visitar al tío Pedro, que vivía allá.

Era plena dictadura.

“Me acuerdo del viaje de vuelta de Carmelo a Maldonado. Venía llorisqueando porque a Pedro lo dejaron preso en la aduana por traer discos de Atahualpa Yupanqui. "Decí que te los regalaron", le dije. "Si no, vas a quedar detenido por un largo tiempo". Yo venía llorisqueando en el bondi. ¡Qué desahucio a los 14 años!’’…

Hoy le pregunté a mi tío si era así y me respondió

Este año se cumplen tres años de que me mudé a París, nunca me voy a olvidar de ese día que llegue. Sabía que me esperaba una larga travesía, en la habitación que me recibía encontré un papel en la pared que decía ‘’n'oubliez pas que tu as faim de vivre’’ (no olvides que tienes hambre de vivir) y como se ve en esta última foto al salir del cuarto me encontré una montaña de discos y el primero que agarre: un álbum de Yupanqui, uno que podría haber sido el que dejo detenido a mi tío en aquel momento por la aduana.

Siguiente
Siguiente

El amor levita